Mi estudiante


Saludos. Procuraré no extenderme tanto, aunque a la vez quiero dar a conocer detalles de esta magnífica experiencia que tuve. En mi país tenemos un dicho que dice “Nunca digas de esta agua no beberé.” Creo que se aplica perfectamente a mi relato. Y es que conversando un día ya lejano con un colega profesor le dije: “Yo no sería capaz de cojerme a una muchacha, a una estudiante. Muchos colegas lo han hecho, pero yo no lo haría. No solo está mal, sino que eso podría significar el fin de mi carrera e incluso hasta preso podría caer uno por caliente.” Ni me imaginaba que un par de años después estaría tragándome mis propias palabras mientras le mamaba la cuquita a una adolescente. Sepan de antemano que es una confesión real y solamente el anonimato me permite contarlo abiertamente tal como sucedió hace ya 8 años. Soy profesor y me tocó trabajar y vivir en una comunidad rural y remota de mi país. Para ese entonces estaba recién salido de una relación que me mantuvo sexualmente frustrado durante meses. Salía con una chica cristiana, para quien el sexo, y más aún desinhibido como me gusta, era pecado. Con esa chica no pude calmar mis siempre urgidas ansias de experimentar. Nunca tuve con ella sexo oral o anal, lo cual ya es mucho decir. En fin, terminé con aquella relación y ya establecido en la comunidad donde me tocó dar clases, alquilé una casa pequeña pero cómoda. Confieso que durante un corto tiempo saciaba mis ganas simplemente viendo videos pornos y masturbándome a diario. Sin embargo, algo ocurrió por aquellos días que vino a cambiar todo. Una chiquilla de 18 años notó que yo vivía solo y comenzó a acercarse a mi. Era estudiante del liceo en el cual yo enseñaba, pero no era particularmente mi estudiante. Al principio la muchacha me visitaba en las tardes y por supuesto yo la recibía afuera porque no era apropiado que un profesor de 26 años tuviera dentro de su casa a una menor de edad, independientemente de la “inocencia” de las visitas. Pasados unos días se hizo evidente que yo le gustaba, pero créanme, hasta ese momento no había malicia en mi ni mucho menos otras intenciones. No obstante, un día ella me visitó usando unos shorts y una blusa tipo top, prendas que por supuesto dejaban bastantes piernas y piel al descubierto. Pasaré a describirla: piel blanca, delgada, cabello negro y no muy largo; cintura reducida, nalgas prominentes y unos senos que aunque pequeños, eran suficientemente notables como para que la imaginación de cualquier hombre heterosexual deje volar su imaginación. Susana se llama la chica en cuestión, que para este momento tendrá 24 años. En fin, Susana astutamente me pidió un vaso con agua y en el momento que entré a buscarlo, ella aprovechó y entró también, casi inocentemente y me dijo: “Se que no me invitaste a entrar, pero es que quiero sentarme.” Yo me limité a responder con un “Está bien, adelante.” al tiempo que ella se sentaba en el sofá. Era la primera vez que ella me trataba de “tú” y eso me hizo sentir un poco diferente con respecto a ella. Susana se sentó y cuando regresé con el agua, ni siquiera la bebió. Me miró fijamente y me dijo: “¿De verdad tú no te das cuenta que me gustas?” Yo estaba mudo. No solamente no sabía que contestarle, sino que estaba super nervioso porque obviamente ella no era una mujer mayor, sino una menor de edad que se me comenzaba a abalanzar. Se levantó y se acercó sin darme casi tiempo de reaccionar. Me sujetó la cabeza y me plantó un beso muy apasionado, pero lento y casi que planificado. Sí, ya pueden juzgarme… Me dejé llevar. Y al momento de sentir sus delicados labios sobre los míos comencé a tener lo que probablemente era la erección más pronunciada de mi vida hasta ese momento. Me apresuré a cerrar la puerta, con un poco de temor de que los vecinos se dieran cuenta, pero a la vez ya decidido a seguir adelante y llevar todo aquello hasta el final. Se me puso muy duro. Inmediatamente ella lo notó y me lo agarró por encima de mi bermuda. No duraría mucho tiempo cubierto, ya que lo sacó y lo sujetó firmemente como si pensara que se le podía escapar en un descuido. Pero no, ya ese guevo era de ella. Era su propiedad privada y yo lo único que quería era meterselo en esa cuquita blanquita y rica que ya me podía imaginar sin haberla visto. Les digo la verdad, creo que me desesperé por un momento, y es que tenía meses sin cojer. Y no solo eso, sino que era una desesperación causada por el hecho de que quería hacerla mía antes que se me fuera la oportunidad (tonto yo, no imaginaba que le seguirían otras veces, cada una más pervertida y alocada que la anterior). En fin, en mi desesperación le bajé rápidamente esos shorts, dejando al descubierto una bella vagina afeitadita. Era un sueño hecho realidad. Nunca me imaginé que me gustaría tanto hacerla con una muchacha adolescente de 16 añitos. Uff, es lo máximo. Esa cuquita rica, comencé a mamarsela, le pasaba la lengua por toda la rajadita y se la abría con mis dedos para probarla mejor. Ella se mojaba cada vez más y mi guevo se ponía tan duro que casi me dolía. Era un sueño hecho realidad. “Sigue, sigue.” me decía ella. Y yo se la mamaba mientras que le metía un dedo con mucho cuidado pensando que era virgen. Jeje. Que ingenuo yo. Resulta que ya estaba bien recorrida. Le dije: “Vamos a hacer el 69.” Y me dijo, está bien. Me terminé de quitar la ropa y me acosté boca arriba, mientras que ella también terminó de desnudarse, dejándome ver ese bello y delicado cuerpo de jovencita que me hacía fantasear con toda clase de actos y fetiches. Se colocó en la posición adecuada y lo agarró firmemente. “Es grande” dijo la sinvergüenza mientras se metía la cabecita a la boca. “¿Tú crees?” le pregunté con toda la intención de escuchar una respuesta confirmatoria que me inflara un poco el ego. “Sí, mucho.” dijo. Yo no quería hablar mucho, solo quería seguir probando ese néctar de vagina adolescente. Teniendo esa cuquita nuevamente a escasos centímetros de mi boca, decidí olerla. Olfatearla para excitarme más. Sí, les confieso que el olor de la cuca me excita mucho. Bueno, se me puso más duro todavía y luego seguí besando y chupandole el clítoris al tiempo que ella me mamaba el guevo lenta y gustosamente por lo que pude notar o mejor dicho, por lo que me dejó notar con su mirada y su expresión. “Ya quiero que me lo metas…” dijo de pronto “…pero con cuidado.” Yo no podía creerlo. ¿Estaría soñando? Mientras aquella fantasía irreal se desarrollaba entre cuatro paredes y un techo, podía oír algunas voces lejanas que hablaban de qué se yo, pero que debido al carácter clandestino y prohibido de todo aquello, me hacían sentir muy excitado. Uno puede descubrir en un simple encuentro sexual, cuantas cosas lo excitan y que no sabía. Por ejemplo, para mi el oír gente hablando mientras tenía sexo de esa manera con una chica 10 años menor era super excitante. Lo único que lamento de aquel primer encuentro con Susana fue mi desesperación por penetrarla y probar lo que comprobaría luego era esa cuquita rica. Muy rica era esa cuquita. Siguiendo sus deseos, y pidiéndole que se quedara ella arriba, la penetré y ella cabalgándome comenzó a menearse y a subir y bajar como toda una mujer experimentada. Ella gemía y decía “Sí, que rico. Que divinoooo.” Y eso me ponía a mil por segundo. Mi guevo estaba durísimo. De hecho,debo decir la verdad, al cabo de un rato acabé por lo excitado que estaba. No sin antes advertirle, por supuesto, que ya venía aquel caudal de leche que recuerdo dejó mi pierna y buena parte de la cama empapada. Vaya chorro. Salía y salía leche acumulada tras semanas y semanas de inactividad con una mujer. Recuerdo de aquella primera vez con Susana que me miró muy pícara y sonriendo me dijo: “Yo sabía que tú me lo ibas a hacer. No me iba a quedar tranquila hasta que tú y yo lo hiciéramos. Ahora será nuestro secreto.” En serio, aquello fue irreal pero muy excitante. A pesar que también había en mi un miedo a ser descubierto, señalado e incluso juzgado por toda una comunidad que me tenía aprecio debido (no que quiera echarme flores por arrogancia o falta de humildad) a mi ética de trabajo y el aprecio que me había ganado de muchas personas. Lo que sí estaba seguro es que no sería la última vez que Susana y yo tendríamos un encuentro sexual. Y así fue. Se repitió muchas veces. En distintas posiciones y con actos que no pensé me atrevería a proponerle a mujer alguna. Si quieren conocer más de mis aventuras con Susana, sigan mis relatos y les contaré muchas cosas y detalles de lo que fueron mis tandas de sexo con mi estudiante favorita. 😉

3 comentarios sobre “Mi estudiante

  • el 5 febrero, 2019 a las 01:49
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    Bueno yo .. Tmbn me eh cocido a mi exs profesora … ahora tengo 31 … !! Me gustaría saber d donde eres …

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  • el 4 febrero, 2019 a las 18:44
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    Me encantaría leer más de tus historias

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  • el 31 julio, 2018 a las 06:13
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    Así son los profes, yo acabé la universidad hace poco y desde la prepa he cogido con profes; me encantan los hombres mayores. De hecho vivo con un ex profesor y nuestra vida sexual es súper caliente.

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